30.4.12

La hipótesis Gaia

La hipótesis Gaia (término que se refiere a la diosa griega de la Tierra) es un conjunto de modelos ideados por el químico James Lovelock en 1969. Dicha hipótesis consiste en considerar a la Tierra y todo lo que se refiere a ella como a un ser vivo. La Tierra es, pues, un nivel de organización superior a la Biosfera. De esta forma, la Tierra sería un ser vivo, con la característica de ser homeostático, es decir, de ser capaz de regular sus condiciones más importantes tales como la proporción de gases de la atmósfera o la temperatura y salinidad de los océanos. Gaia es, pues, un ser vivo dotado de las capacidades necesarias para albergar al resto de seres vivos, y para darles las condiciones óptimas para la vida.
El origen de esta hipótesis surge en la década de los sesenta, concretamente en el año 1965, cuando Lovelock fue llamado por la NASA para investigar en el primer intento de descubrir vida en Marte. A Lovelock le llamó la atención las enormes diferencias que existían entre Marte y la Tierra y fueron las singulares condiciones de la Tierra lo que le llevó a idear la hipótesis.
Esta hipótesis no fue tomada en serio por ningún científico, ya que todos pensaban que dicha hipótesis era más un ejercicio de imaginación que una hipótesis realista. ¿Cómo iba a ser la Tierra un gran ser vivo? Solamente la bióloga norteamericana Lynn Margulis (con quien Lovelock trabajo más tarde) le apoyó.
A lo largo de la existencia de la Tierra, ésta ha tenido que soportar numerosas amenazas que afectan a este equilibrio, como el impacto de meteoritos o severas glaciaciones. A la Tierra le ha costado millones de años convertirse en lo que es ahora: pasar de un infierno ardiente a un paraíso de océanos, cordilleras montañosas, bosques, selvas...
Pero no todo es tan bonito, ya que existe una nueva amenaza, la más peligrosa: el ser humano. El ser humano está destruyendo a un ritmo acelerado el equilibrio que mantiene la Tierra, sin dar a ésta margen de recuperación, es decir, de seguir así llegaríamos pronto a una situación irreversible, a una ruptura irreparable del equilibrio de la Tierra. Según esta hipótesis, el ser humano debe tratar a la Tierra como un ser humano, cuidar de ella al igual que ella cuida de nosotros, ayudarla a mantener su equilibrio, no estropearlo.
Esta hipótesis hoy en día no está muy extendida y no se puede considerar una teoría debido a la falta de pruebas de que la Tierra en su conjunto sea un ser vivo y a que es una hipótesis un tanto fantástica. Lo que sí que es cierto es que debemos cuidar la Tierra, sea un ser vivo o no, ya que, al fin y al cabo, es el lugar en el que vivimos y, al igual que cuidamos nuestras casas, las mantenemos limpias y ordenadas, debemos hacer lo mismo con nuestro gran hogar; debemos cuidar a la Tierra, a nuestra gran madre.
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