25.2.10

El clima en el futuro





El futuro climático del planeta está grabado en el hielo de hace 120.000 años, y enterrado a más de 2.000 metros de profundidad. En Groenlandia, un equipo multinacional de científicos está agujereando la capa helada para recuperar muestras del Eemiense, un breve periodo interglacial de apenas 15.000 años, más cálido que el presente. Aseguran que, analizando el agua congelada entonces, tendrán datos para modelar el clima que le espera al planeta a causa del calentamiento global.

Pronosticar el clima del futuro es tarea delicada. Por un lado hay que considerar los cambios climáticos naturales y por otro la influencia humana sobre ellos.El clima cambia de forma natural, como hemos visto, debido a varios fenómenos astronómicos y geológicos, como el lento cambio de la configuración de los continentes o pequeños cambios en la órbita de la Tierra y en la dirección de su eje de rotación. De esta forma, ya sabemos que en nuestro planeta alternan épocas cálidas con épocas de glaciación, que a su vez pueden estar divididas en periodos glaciares e interglaciares. En este sentido, el actual periodo interglaciar debe estar finalizando, ya que ha durado bastante más que la media que es de unos 12 mil años; un nuevo periodo glaciar nos alcanzará en un máximo de 4 mil años; después, la Tierra se introducirá en un largo periodo glaciar de unos 100 mil años. Pero estos eventos se ven a medio o a largo plazo. A corto plazo, es más acuciante el efecto del calentamiento global que se avecina por los gases de efecto invernadero, provocados en gran medida por la acción humana.Estos gases se han incrementado desde la etapa industrial humana de forma significativa: El CO2 ha aumentado un tercio, el metano se ha duplicado y el óxido nítrico ha crecido en un 15%. Si este incremento solamente se mantiene, se estima que en 200 años, la temperatura media terrestre aumentará entre 2 y 5 grados. Este incremento global de la temperatura traería importantes consecuencias: Incendios forestales con pérdida de la masa boscosa, con lo que ello significa; cambios en las precipitaciones con un clima más inestable, con temporales e inundaciones más frecuentes; aumento de la evaporación y por lo tanto de la aridez; fusión de los glaciares con la consiguiente elevación del nivel del mar, inundación de regiones costeras con sus ciudades; salinización de acuíferos costeros; muerte masiva de arrecifes coralinos…Hay opiniones que indican que el problema no es tan alarmante: los bosques absorben el exceso de CO2 y sobre todo, el petróleo se habrá agotado antes del 2100 y los gases invernadero bajarán considerablemente. Pero es prudente no jugar con un factor tan delicado e interconectado con la biosfera como el clima y sería conveniente aminorar en lo posible la emisión humana de estos gases provenientes de las industrias y de los transportes. Una de las soluciones es el gradual reemplazo de las “energías sucias”, basadas en los combustibles fósiles, por “energías limpias”, no contaminantes, como la eólica, solar, hidroelétrica, de biomasa, y sobre todo, investigar y rentabilizar otro tipo de energías, limpias y más potentes, como por ejemplo la de fusión, que es la energía de las estrellas, entre otras.

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