19.1.12

El paisaje granítico

Para acabar el apartado de Geomorfología litológica, veremos el paisaje granítico, uno de los más abundantes en nuestro país, especialmente en el Sistema Central, Extremadura, Sierra Morena y en la frontera portuguesa hasta Galicia.

El origen de la mayoría de formas graníticas no es subaéreo, sino subterráneo, ya que en realidad han sido exhumadas tras el desmantelamiento del material suelto o lehm, resultado de la hidrólisis de la roca. Dicha alteración avanza principalmente a favor de las diaclasas. Después, la parte de roca descompuesta alcanza un gran desarrollo y los trozos resultantes se van redondeando. Tras un cambio climático o por un levantamiento de la región, puede darse la denudación del manto de alteración permaneciendo inalterados los bloques, que en muchos casos pueden formar torres o pináculos, o bien mantener posiciones de equilibrio: piedras caballeras.

La permanencia en el tiempo de estas formas exhumadas de los paisajes graníticos viene favorecida por el hecho de quedar sometidas a condiciones secas, que impiden el avance de la meteorización química. Sólo la acumulación de agua de lluvia en pequeñas concavidades permite dicho avance, originando piscinas, pilancones, tafonis, etc.

En estos paisajes se puede diferenciar dos grupos de formas de relieve:

Formas graníticas mayores:

A) Domos de formas variadas: campaniformes, cupuliformes o en lomos de ballena. Son formas redondeadas por hidrólisis de la roca.

B) Crestas y aristas (formas acastilladas): Son típicas de rocas con diaclasado vertical, de grano fino y menor grado de meteorización química.

C) Caos de bolas o berrocales, que cuando sufren desplazamiento, a veces notable, visible por la existencia de derrubios al pie se llaman pedrizas

D) Lanchares en superficies planas con diaclasado subhorizontal.

E) Tors o amontonamiento de bloques redondeados.

Formas graníticas menores:

A) Pilancones y marmitas de gigante: Cavidades redondeadas producidas por hidrólisis fuera de los cauces fluviales (los pilancones) o mediante remolinos en el curso alto de los ríos (las marmitas).

B) Tafonis o cavidades en la pared lateral de las rocas debido al escurrimiento del agua. Estas pueden evolucionar y originar rocas en seta, así como cantos y laderas en extraplomo.

C) Piedras caballeras.

D) Bloques hendidos y separados.

E) Nerviaciones, que son causadas por filones de minerales más resistentes como el cuarzo.

F) Agrietamientos pseudopoligonales, debido a la existencia de microfracturas en el granito.

A continuación se muestran algunas de estas formas, que se pueden observar en el Parque Regional de la Cuenca Alta del río Manzanares (Madrid):


La Pedriza y paisaje granítico


Y, para finalizar, una estupenda presentación sobre geomorfología litológica de España:


17.1.12

La importancia de las aguas subterráneas en España

Los datos oficiales (MMA, 2000) estiman que el uso de aguas subterráneas en España se ha incrementado desde 2.000 Mm3/año en 1960 hasta 6.500 Mm3/año en la actualidad. Cabe llamar la atención sobre el hecho de que los usos del agua subterránea varían muchísimo de unas regiones a otras. El agua subterránea es la principal fuente disponible en las islas (Canarias y Baleares), en el sur del Mediterráneo (Júcar y Segura) y en algunas regiones continentales del centro (La Mancha). A modo de ejemplo puede resultar ilustrativo el dato de que los bombeos que se realizan en la cuenca hidrográfica del Júcar representan aproximadamente el 25% del total de agua subterránea explotada en España.

Entre el 70 y el 80% del agua subterránea que se bombea en España es usada para regadío. Este dato es prácticamente idéntico en la mayor parte de los países desarrollados en climas áridos y semiáridos. El espectacular aumento de los bombeos de aguas subterráneas en España ha sido llevado a cabo, fundamentalmente, por la iniciativa privada de miles de agricultores.

Por otra parte, las aguas subterráneas son la fuente de abastecimiento del 35% de la población española. En algunas grandes ciudades, como Barcelona por ejemplo, las aguas subterráneas tienen un alto valor estratégico para asegurar el suministro en situaciones de excepcionalidad, como sequías o problemas puntuales de calidad en las aguas superficiales. El 70% de los abastecimientos de núcleos de población menores a 20.000 habitantes se alimentan de aguas subterráneas (MMA, 2000).

Por otra parte, el problema de contaminación de las aguas subterráneas es serio, ya que de un total de 699 masas identificadas de agua subterránea en España, 259 masas de agua (37%) son declaradas “en riesgo” de no cumplir los objetivos ambientales fijados por la DMA (Directiva Marco del Agua) para el año 2015. 184 masas de agua subterránea (26%) son clasificadas “con riesgo nulo”, es decir, en buen estado ambiental demostrado. 256 masas de agua subterránea (37%) están a las espera de caracterización adicional para decidir su estado ambiental:






Clasificación de las masas de agua subterránea en España, según la DMA (MMA, 2006).
La contaminación difusa por nitratos es el problema medioambiental que afecta a un mayor número de masas de agua subterránea (167 masas de agua afectadas), aunque cabe resaltar que este número será probablemente mucho mayor cuando se terminen los trabajos de caracterización adicional de las 256 masas de agua pendientes. La existencia de acuíferos actualmente afectados, se debe a la persistente acción, entre otros factores, de los focos contaminantes relacionados con determinadas actividades industriales, agrarias y urbanas. Estas fuentes, pueden ser puntuales -actividades industriales y urbanas: vertidos líquidos y lixiviados de residuos sólidos-, o difusas -sector agrícola-.

La salinización por intrusión marina es la segunda causa del riesgo, habiéndose identificado 72 masas de agua subterránea afectadas de manera importante por este fenómeno.

La DMA aporta un marco único para la mejora del conocimiento, la protección de los acuíferos y la gestión racional de los recursos hídricos subterráneos. Sin embargo, la aplicación estricta de los principios de la DMA será mucho más difícil en el sur y el mediterráneo que en los países húmedos y templados del norte y centro de Europa. La restauración de algunos acuíferos explotados intensamente en el sur de Europa puede ser una labor extremadamente costosa, de muy largo plazo e incluso de dudosa viabilidad técnica, económica y social.
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