Cuaderno de actividades para alumnos de 1º Bachillerato del IES García Morato de Madrid
30.11.06
Día mundial de lucha contra el SIDA
7.11.06
Comentario de una columna periodística. Orientaciones y resolución.
(ROSA MONTERO)
(El País, 16 de Noviembre de 2004)
En las afueras de Madrid, en la carretera de Burgos, acaban de abrir un megacentro comercial, Plaza Norte 2, que es, según dicen, el más grande de España. El fin de semana que se inauguró (yo vivo en esa zona), toda la salida norte de Madrid quedó colapsada, y el tráfico no se ha repuesto del todo desde entonces. El centro, con cúpulas acristaladas, arañas de luz descomunales, mármoles a tutiplén y cegadora profusión de latones dorados, es lo más delirante que jamás he visto, una sobrecargada fantasía a medio camino entre Versalles y la tumba de Napoleón. Aunque no: a lo que más se parece, sólo que en feo, es al famoso metro de Moscú. En realidad, el concepto es el mismo: si con el metro los soviéticos quisieron recrear los fastos aristocráticos para el uso y disfrute de la plebe, con este centro se ha intentado simular una fantasía social semejante: es el palacio de los consumidores, una disneylandia de lujo vetusto para que los compradores se sientan como príncipes.
Este embeleco de suntuosidad se completa, muy adecuadamente, con una selección de tiendas que, en general, son del montón, comercios más bien económicos en donde todo el mundo puede encontrar algo barato que comprar para así poder olvidar sus problemas y creerse reyes por un día mientras se pasean por el pseudo-palacio. Nunca he visto tan claro como en este centro el mensaje mítico y engañoso de la sociedad de consumo: aquí todo te dice que eres alguien no por quien eres, por cómo eres, por lo que sabes o haces y ni siquiera por lo que tienes, sino que eres alguien porque compras. El hecho de comprar te da la vida, un fingido estatus social, una identidad: no somos ciudadanos, sino compradores. El consumo es la nueva religión. Basta con ver a los miles de madrileños que peregrinan cada fin de semana a Plaza Norte 2, hipnotizados por su fe adquisitiva, arrostrando estoicamente los atascos con tal de alcanzar el opulento paraíso del buen consumidor. Por cierto, cada vez que se abre uno de estos megacentros comerciales en las afueras, desde que inauguran, y en la misma puerta, siempre hay una parada de autobús, mientras que hay barrios que llevan años pidiendo autobuses infructuosamente. Pero ésa es otra historia. ¿O quizá es la misma?
ORIENTACIONES Y RESOLUCIÓN DEL COMENTARIO
1. La localización debe aportar los datos relevantes para que comprendamos el texto. NO debe ser motivo de exhibición de otros conocimientos que los que aporten algo a la lectura
El texto es una columna de Rosa Montero publicada en El País del día 16 de noviembre de 2004. Se trata por lo tanto, de un texto en el que la autora expresa libremente su opinión sobre un tema con la intención de hacernos partícipes de ella y de incitarnos a la reflexión. Encontramos también en el texto, como suele ser frecuente en las columnas, un tono asequible, un tanto desenfadado, coloquial, es decir, como “de charla de amigos”, lo cual se manifiesta parcialmente en el vocabulario..
2. La referencia al contenido no debe ser tan extensa como si estuviéramos resumiendo el texto, ni tan breve que no precisemos nada. Puede caber más elaboración personal que en el resumen.
La autora muestra su perplejidad y su disgusto por algo que ha experimentado en las proximidades de su casa: la construcción de un centro comercial de características desmesuradamente ostentosas, que, por otra parte recibe una visita masiva de compradores. La reflexión sobre este hecho la ha llevado a una conclusión: el lujo aparente y deslumbrante de este nuevo edificio no tiene otra finalidad que halagar el espíritu del comprador, para que, sintiéndose éste, tratado y reconocido “como un príncipe”, compre más. Ocurre también que lo que se vende en este centro, no es de la calidad que prometería la ostentación del edificio Es este un ejemplo de cómo el consumo es la nueva religión de nuestra sociedad, y de cómo las personas somos bien tratadas en la medida en que podemos convertirnos en compradores, lo cual es denunciado con cierto disgusto, o desencanto por la autora que no parece satisfecha de los valores de nuestra sociedad.
3. La estructura del contenido debe recoger el orden de las ideas, de una manera sintética y aclaradora. A veces no compensará distribuir el texto en partes, por ejemplo, cuando sea demasiado breve, o cuando la unidad del tema sea indudable.
En el texto hay una primera referencia a un hecho reciente que ha afectdo personalmente a la vida de la autora: inauguración del centro comercial y atascos ocasionados (Se trata de una primera parte narrativa). A continuación alternan la descripción del edificio y la exposición mediante la cual la autora nos da a conocer su reflexión sobre este hecho. La parte más crítica y subjetiva de la columna se corresponde con la descripción del edificio pues no se evita en ella la exageración y la comicidad)
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4 El análisis de la forma, es decir, la referencia a las palabras concretas del texto, no tiene interés si no nos lleva a un nivel más profundo del contenido, o sea si no sirve para hacernos más conscientes de éste. Se tratará de fijarse en las palabras y de ponerlas en relación con el tema y con la intención del autor. No se trata por tanto de decir: “Hay muchos adjetivos” o “Las figuras literarias que aparecen son… “como si se tratara de un listado de recursos. Se trata de mostrar la relación que hay entre lo que señalamos como tema del texto y el modo en que el autor ha conseguido que así lo entendamos. En el fondo se trata de mostrar “que sabemos leer” y que somos conscientes del uso de las palabras que ha escogido el autor. Se trata de encontrar los usos que realmente percibimos conectados con el tema. Y, por supuesto, de que citemos el texto. (Si tenemos más saber lingüístico seremos más exhaustivos en la descripción lingüística, y ordenaremos esos recursos por niveles, de manera más rigurosa)
La alternancia de persona verbal que se da en el fragmento, permite muy bien aquí reconocer las características de la columna. Como textos periodísticos que son, encontramos en ellas referencias a hechos objetivos de actualidad (en este caso una inauguración); y también a la experiencia personal del que escribe. Es frecuente que alternen, por lo tanto, la primera y la tercera persona, como ocurre aquí. En el uso de los tiempos verbales, se pueden relacionar los pasados con la narración mientras que los presentes sirven a la descripción (“es de lo más delirante”; “a lo que más se parece…”) y a la exposición (“el hecho de comprar da la vida.” “El consumo es la nueva religión…”). Este cambio de perspectiva: narrar, exponer, describir, argumentar es también frecuente en las columnas.
La subjetividad del texto se percibe también en la combinación de términos cultos y de términos coloquiales, de lo cual ya hicimos mención antes. Las palabras coloquiales siempre están más cargadas de expresividad y responden a un discurso más subjetivo que el de las palabras cultas. La columna, por otra parte, es un texto que con frecuencia se acerca al registro de la conversación. Así encontramos palabras o frases como: “megacentro”, “a tutiplén”, “sólo que en feo”, “para el uso y disfrute de la plebe” –frase tópica-; “del montón”… En todas ellas se percibe una visión crítica de lo observado..
Donde más se percibe la intención de la autora es en todas las palabras que subrayan la falsedad, el carácter de “escenario teatral” de este centro comercial, decorado creado para halagar interesadamente al comprador En todas ellas se percibe la ironía mediante la cual la autora intenta provocar nuestra consciencia sobre el tema. Así por ejemplo habla del exceso desmedido de falso lujo, con una serie de rasgos descriptivos acumulados que expresan, precisamente por acumulación, el disparate de lo que se describe: “El centro, con cúpulas acristaladas, arañas de luz descomunales, mármoles a tutiplén y cegadora profusión de latones dorados es lo más delirante que jamás he visto” El adjetivo valorativo “delirante” no deja duda de la intención de la autora. El carácter artificial y falso del lujo queda muy bien recogido en la metáfora que sirve de colofón al primer párrafo de la columna: “una disneylandia de lujo vetusto…”. Esta metáfora insiste en el significado de “montaje fingido” y quizá también el de la finalidad recaudadora. Las palabras con que comienza el segundo párrafo insisten también en la idea de falsedad interesadamente engañosa, y en la de desproporción: “este embeleco de suntuosidad…” n al primer f acercarse al registro mna: "primer pjo quedaumulados que expresan el disparate de lo que se describe: "
5. La valoración crítica, sea del contenido o de la forma, debe hacerse de modo racional. Hay que justificar la opinión personal que se da atendiendo a criterios objetivos. No valdrá decir “El texto me gusta mucho” o “no me ha gustado nada”. Aunque sea un apartado más personal, podemos seguir usando la tercera persona, aunque también podrá ser aceptable una primera persona del plural o incluso la primera persona del singular.
La visión que la autora nos ofrece sobre el significado que los centros comerciales adquieren nos parece acertada. Son auténticamente los “templos” del presente, las “catedrales” del siglo XXI, el ejemplo más claro de los valores consumistas de nuestra sociedad, en la que, mediante medios tan poderosos de influencia en las masas, como la publicidad, no es muy difícil conseguir que éstas se conviertan en compradoras compulsivas. El derroche de lujo, aunque sea falso, es un medio más para conseguirlo. El uso de la lengua que aparece en este texto se ajusta a las características propias de la columna, como ya dijimos antes, y resulta expresivo y eficaz para los fines que persigue.
6. La conclusión podría ser sin más, una última frase del punto 5 que cierre el comentario.
Se trata de un buen ejemplo de una columna periodística, un texto que sin gran afán de rigor conceptual, y con un uso de la lengua expresivo y accesible, es eficaz para sugerir tema e incitarnos a la reflexión.